...can't deny

Hay veces en la vida que uno deja de hacer cosas y no se sabe por qué. En mi caso, una de las cosas de las que me arrepentiré por harto tiempo es no haber asegurado entradas para Pearl Jam en el Arena Movistar. Tres horas de show, donde tocaron de todo, incluso “Dissident” que es una de las canciones que más me gustan del catálogo de los oriundos de Seattle.


Pero bueno, a llorar a la FIFA y enfoquémonos en lo importante. Este año el tradicional festival Lollapalooza se extendió por tres días, siendo Pearl Jam el headliner del viernes, donde salieron a tocar a eso de las 21:30 horas. Con la Carola nos pusimos cerca de la mitad del Parque O’Higgins, donde se escuchaba bien, pero se veía poco. El arranque estuvo bien con “Corduroy” rememorando un poco esa joya que es el ‘Live On Two Legs’ para continuar con “Elderly Woman Behind The Counter In A Small Town” y “Nothingman". Uno a uno se fueron sucediendo los clásicos: “Why Go”, “Do The Evolution”, “Even Flow”, la maravillosa “Given To Fly” (gran detalle las tomas a Matt Cameron), “Mind Your Manners”, “Daughter” (con unas líneas de “Another Brick In The Wall”, primer guiño a los Floyd”), el track recién estrenado “Can’t Deny", “Porch”, “Last Kiss”, “Jeremy”, “State Of Love and Trust”, “Better Man”, “Alive” (donde Vedder terminó cantando con una máscara de Donald Trump lanzada por el público), un cover de “Comfortably Numb” en el segundo guiño floydiano de la noche, donde Mike McCready le impregnó su sello al inmejorable solo de Gilmour, casi cerrando el show con esa catedral que es “Rockin’ In The Free World” de Neil Young, donde se desató la pirotecnia del fin de la noche y siendo la guinda de la torta uno de los midtempo más queridos por este servidor como es “Yellow Ledbetter”.

Eddie Vedder con casco mientras interpretaban "Rockin' In The Free World"

Hablar de la extraña conexión de Pearl Jam con Chile es labor de los sociólogos de ahora o del futuro, pero discutir de la grandeza de los de Seattle me parece cansino, al final, en cinco discos (del ‘Ten’ al ‘Yield’ en mi humilde opinión) resumieron la juventud de muchos de los miles que estuvimos esa noche del 16 de marzo, está claro que mientras exista la posibilidad de verlos, estos señores asegurarán lleno total y ventas rápidas de entradas en esta angosta franja de tierra.

Acá con nuestro outfit festivalero, la representante de la juventud del festival y el viejo grunge...

PD.- un punto extra para el director de la transmisión, buen juego de cámara con los drones y esa cámara sobre la batería que de cuando en vez permitía ver la técnica monstruosa del gran Matt Cameron tras los parches!

PD 2.- Así como la comunión entre la banda y el público se destaca, es un punto en contra para el plato principal del sábado, Red Hot Chili Peppers, que me pareció una banda muy plana en vivo, con poca conexión con la gente... creo que los sigo prefiriendo en estudio. 

...slave to the power of death

Hace un tiempo atrás, con el amigo Enrique Pastene estábamos conversando de la vida en el almuerzo y de pronto empezamos a hablar de música, donde trató de explicarme por que Pink Floyd es la más grande expresión artística del siglo XX y probablemente peleándole palmo a palmo la grandeza a Miguel Angel con su Capilla Sixtina o Leonardo con La Gioconda. Una de las cosas que me quedaron dando vueltas es una hipótesis que versaba sobre el momento en que las bandas o músicos alcanzan su sonido definitivo, ese que hace que uno escuche un riff o parte de una canción e inmediatamente identifique al artista sin cuestionamiento. Al terminar su postulado, inmediatamente dije: “Claro, es como el Powerslave de Iron Maiden” y es que si hay un disco que marcará el paso de la Doncella de Hierro por la tierra, ese es claramente el ‘Powerslave’, más allá que sea ‘Seventh Son Of A Seventh Son’ mi disco favorito de la banda.


Situándonos en la historia, la banda ya había grabado cuatro discos anteriormente, los dos primeros con Paul Di'Anno en las voces, dos con la maravillosa voz de Bruce Dickinson haciendo el debut en el micrófono y uno con Nicko McBrain tras los tambores. Entonces, el quinto disco de los británicos es una suerte de consolidación de una formación estable, después de una gira tremenda como el “World Piece Tour”, donde había que demostrar que “The Trooper” y “Flight Of Icarus” no fueron casualidades, sino el comienzo de una leyenda.

Grabado en las Bahamas tal como su antecesor ‘Piece Of Mind’ y editado el 03 de septiembre de 1984, el disco parte tirando toda la carne a la parrilla con la velocidad sin tregua de  “Aces High” dedicada a todos los pilotos que perdieron la vida en el Batalla de Inglaterra y que por momentos nos sienta en las cabinas de aquellos aviones míticos de la segunda guerra mundial, con un Nicko McBrain inspiradísimo tras los parches y un Dickinson pletórico en los coros, concebidos para el canto en estadio. Continúa con otro clásico indiscutible “2 Minutes To Midnight” toda una poesía antimilitar o antinuclear y que debe poseer uno de los riffs más reconocibles de los ingleses, “Losfer Words (Big 'Orra)” devuelve a los instrumentales a un disco de Maiden, prosiguiendo con dos piezas épicas de esas siempre presentes en el catálogo de los británicos: “Flash Of The Blade” que nos habla de espadachines de épocas pretéritas, con una introducción de guitarra clásica de la escuela Murray/Smith y “The Duellists” que nos cuenta sobre un enfrentamiento entre dos señores a punta de espada (basada en una película del mismo nombre). Ambas canciones quizás están influenciadas por la práctica de la esgrima de Bruce Dickinson, que comenzó por la misma época. “Back In the Village” está basado en una serie de televisión inglesa llamada "The Prisoner" al igual que la maravillosa pieza que aparece en 'The Number Of The Beast'.

Hago un párrafo aparte para las dos piezas que cierran el disco, la primera “Powerslave” nos lleva al antiguo Egipto (temática general del disco) y nos lleva a los cuestionamientos de un faraón el cual a pesar de creerse un Dios sabe que la muerte nos llega a todos. Para cerrar el disco, el maestro Steve Harris toma un poema escrito por Samuel Taylor Coleridge a finales del siglo XVIII y nos regala la grandiosa “Rime Of The Ancient Mariner”, el tema más largo de la banda durante 31 años y que no trata de otra cosa que no sea “lo que no debes hacer si un pájaro orina sobre ti” como Dickinson siempre la presenta en vivo.

La portada del disco nos presenta a Eddie como una estatua en el Egipto de los faraones, con las pirámides gigante de fondo y con una serie de graffitis con alusiones a Mickey Mouse o Indiana Jones. Otro trabajo legendario del gran Dereck Riggs, el que nos regaló los mejores Eddies de la historia.


Como si fuera poca la grandeza de este disco, la banda se embarcó en una gira mundial de más de un año de duración (donde llegaron a Sudamérica a inicios de 1985) y desde donde emergió el que, a opinión del redactor de este humilde espacio, es el mejor disco en vivo de la historia de la humanidad: ‘Live After Death”, es decir, cosecha redonda para que la hoy es la banda más grande del Heavy Metal mundial…


PD.- Según los planteamientos del amigo Pastene, Pink Floyd alcanzó su sonido en la canción “Echoes”, por lo que si quieren darle una vuelta a la banda, pueden partir por ahí.

...so let it be written

Hace casi un año la Carola me había regalado un libro que había difundido previamente por internet como imperdible: “So let it be witten” de Mark Eglington quien se encargó de realizar entrevistas y recopilar información para escribir una biografía del frontman de Metallica, don James Alan Hetfield, incluyendo textos y opiniones de próceres como Chuck Billy y Alex Skolnick de Testament o Charlie Benante de Anthrax. Para ponerlos en perspectiva, creo que uno de los momentos más emocionantes que he vivido en un concierto fue el año 2010 en el Club Hípico, cuando muy cerca de la reja de cancha (VIP, o sea…) se escuchan los acordes finales de “The Ecstasy Of Gold”, y tras las sombras aparece don James Hetfield con su guitarra escupiendo el riff maravilloso de “Creeping Death”. Juro por mi colección de discos que para mi fue impresionante ver a un ídolo de la adolescencia a un par de metros, tantas veces viendo el ‘Live Shit: Binge & Purge’ no me habían preparado para ese momento.


No obstante lo anterior, mi pésimo hábito de lector influyó en que me demorara casi un año en leerlo, pero aproveché que tuve unos días en Constitución y lo usé como lectura de vacaciones. Al terminarlo, me quedé con la sensación de que más que un libro sobre James Hetfield, es la historia de Metallica, matizando con algunas vivencias del rubio vocalista. Ahora, gran parte de los hechos los conocía, mal que mal llevo 22 años admirando a la banda de San Francisco, pero siempre es bueno refrescar algo la memoria. Acá unos apuntes respecto a cosas que me llamaron la atención:

  • Los comienzos duros, siendo duramente golpeado por la separación de sus padres y la muerte temprana de su madre, debido a las creencias religiosas que le evitaban recibir atención médica (su creencia le hacía esperar intervención divina, no humana) lo que le hizo aferrarse más a la idea de que alguna vez sería una estrella de rock como sus ídolos Steven Tyler y Joe Perry de Aerosmith (lo que me ratifica la importancia de los bostonianos en la escena rock americana de fines de los 70’s y principios de los 80’s)
  • La relación inicial con Lars Ulrich, quien no le convencía como baterista, pero que gracias a su porfía y contactos logró engancharlo, hasta que formaron el corazón de Metallica. En múltiples pasajes se muestra como el ímpetu de Ulrich podía más que su talento, dedicando jornadas al ensayo e insistir en que tenían una banda cuando eran dos, más las canciones de secundaria de Hetfield (“Hit The Lights” fue una de las primeras cosas que Hetfield escribió)
  • El bullying sostenido que tuvo que soportar Jason Newsted, el cual fue usado como chivo expiatorio de la frustración que todos sentían por la partida de Cliff Burton, pero que se vio especialmente focalizada por Hetfield. El hecho que no se escuche el bajo en ‘... And justice for all’ se le atañe en gran medida a que Hetfield no se involucrara en la mezcla y al ego desmedido de Lars por esos años. Interesante también entender que fue el principal artífice de la salida del bajista el año 2001, indicando que nada podía ser tan importante como para quitarle atención a Metallica, entendiendo que las colaboraciones de Newsted eran cada vez más ignoradas por el dueto Hetfield / Ulrich.
  • Claramente el sonido y la temática de ‘St. Anger’ está influenciado por el estado de ánimo y el periodo de rehabilitación a su adicción al alcohol, en el fondo, como cabeza de banda hizo que el resto de los músicos no encontraran un rumbo claro para armar un disco como se debe… ahí se reafirma el nivel de liderazgo que tiene este hombre dentro de The Four Horsemen.

Algunas cosas que no me gustaron:

  • Que no haya profundizado en el problema con Dave Mustaine, creo que ahí había algo que nos podría haber gustado a los los fans, más allá de las adicciones que tenía el colorín a principios de los ochenta. Hay demasiadas leyendas urbanas circulando que se podrían haber aclarado dentro de estas páginas.
  • La insistencia en la timidez y lo silencioso que se muestra “el protagonista” con todos sus interlocutores, y que cuando lo conocen bien, pasa a ser un tipo divertido, se repite mucho la situación a lo largo de los 18 capítulos.
  • No se ahonda mucho en que lo hizo entrar a rehabilitación, momento clave al inicio de siglo para la banda y claramente en la vida futura de James.

Finalmente, el hecho de estar leyendo este libro me hizo re-escuchar algunos discos (no, ‘St. Anger’ no!) por lo que le encontré algunos matices diferentes a discos comúnmente identificados como mediocres, como ‘Reload’ (“Prince Charming” encuentro que es un muy buen tema) y encontrar argumentos para seguir defendiendo a brazo partido a apuestas como ‘Load’.

PD.- De camino a Santiago, me vi un documental en Netflix llamado “Hired Gun” que muestra testimonios de músicos de sesión y de acompañamiento, donde entrevistan a Jason Newsted. El amor que demuestra ese hombre al hablar de su entrada en Metallica me hace aun sentir más cariño por su época en la banda. Cliff será irremplazable, Robert Trujillo es un excelente bajista, pero Jason era más como uno, uno que salió de abajo para llegar a una de las mejores bandas de la historia, para romper tímpanos dejando el alma arriba del escenario… 

...keep on runnin'

El lunes recién pasado veníamos viajando con la familia desde Curicó a Santiago, después de las fiestas de Año Nuevo, cruzando una infinidad de radios para tratar de amenizar el viaje, cuando de pronto aparece una canción de Journey, una de esas baladas que tanto los caracterizan, y la Carola me dice “Cámbiala, esos son muy fomes”, a lo que mi estómago se apretó y solo la miré fijamente, como cuando Sheldon Cooper intenta emular a Scanners… pero bueno, con todo lo que amo a esta mujer no me queda otra que educarla en la senda del buen escuchar…

Claramente Journey no es una banda de Glam Rock o de Ska, como para decir que son entretenidos desde la concepción, pero a través de los casi 40 años de trayectoria se han marcado una serie de éxitos que nos hacen mover el pie cuando aparecen por ahí, con melodías inolvidables y arreglos que son marca de la casa, no por nada alguna vez alguien aseguró que Journer era “la respuesta norteamericana al fenómeno inglés de Queen”.

Ahora hablando de la banda, no por nada son quizás el buque insignia de lo que hoy conocemos como A.O.R. (Adult Oriented Rock) o algo así como el rock que rallaba sutilmente con el pop para meterse como avión en cuanto ranking radial existió a inicios de los 80’s (otros conocidos de esta época son Boston, Toto, Foreigner o REO Speedwagon). Otros los encasillan dentro del Arena Rock o esas banda que se dedicaron a tocar en grandes espacios destinados para el deporte y reconvertidos en karaokes gigantescos (donde Queen claramente llevaba la batuta). Tal fue el impacto que tuvieron estos señores que corría la leyenda de que "en cada minuto, alrededor de todo el mundo, estaba sonando una canción de Journey". Claramente el punto alto llega con la formación compuesta por Neal Schon, Steve Smith (uno que dicta cátedra detrás de los tambores), Ross Valory, Jonathan Cain y DON Steve Perry en las voces, esto es un axioma y no se discute en ningún foro.

Bueno, para que la Carola (y el resto del respetable público lector de este espacio), vamos con las 13 mejores canciones para el auto, según este humilde servidor, ordenadas de menor a mayor en mis preferencias:


Finalmente, solo destacar que siempre es conveniente darle una pasada a la discografía de la banda, por lo menos hasta el año 1983, donde a pesar de que costó el arranque, siempre fueron mostrando una constante evolución (recordemos que la base de la banda fue la agrupación que tocaba con Carlos Santana) hasta llegar a un sonido característico. En otro post diferente espero algún darle una pasada a las baladas de la banda, donde pueden dictar una cátedra de maestría.

PD.- Primera vez que publico una lista de Spotify, la lleva esta cosa (comentario de tata del CD y el MP3)